Entrevista a Cintia Fernández
- Mokona

- 21 dic 2025
- 5 Min. de lectura
Si fuese más valiente
¿Cómo empezó esta historia?
Cuando me propuse escribir una novela, elegí hacerlo sobre mi cliché favorito, amigos que se enamoran (o friends to lovers), y en un principio la historia iba a transcurrir en Estados Unidos. Pero tras irme a pasar el día a Bilbao, cambié de opinión, trasladé la historia al País Vasco y adapté lo que ya tenía pensado. Lo que más me costó fue encontrar una manera natural para que dos mejores amigos se enamorasen sin que fuese raro para ninguno de los dos. Recurrí a los flashbacks
para mostrar al lector esa relación de amistad desde niños y que se entendiese mejor lo que ocurre en el presente.
Tratas temas muy complejos durante el libro, y siempre el conflicto interior de los protagonistas, ¿tenías claro cómo iba a ser la personalidad de cada uno?
Lo primero que decidí fue cuál iba a ser la trama principal (dos mejores amigos que se enamoran), y luego tuve que pensar cómo iba a ser esa transición, para que fuera lo más natural posible, y por qué no se declaraban el uno al otro.
Para ello, necesitaba miedos, los de Nico (el protagonista), sobre todo, y eso me llevó a ir formando su personalidad. Me fui haciendo preguntas para dar con ella: ¿a qué tiene miedo exactamente?, ¿por qué lo tiene?, ¿qué ha originado que sea así? Fui tirando del hilo, creando a su familia, que moldea bastante su forma de ser, su entorno, etc. Como contrapunto, quería que Unai fuera diferente a Nico y, al mismo tiempo, que se complementasen, así que, como si fuese un puzle, fui haciendo que las características y rasgos de cada uno fuesen encajando.
La ambientación de la novela y los toques de euskera hacen que la historia te transporte a esas tierras, ¿qué zona tenías en mente del País Vasco mientras escribías la historia?
La mayor parte de la historia transcurre en Bilbao porque, además de conocer la ciudad —fui allí a la universidad y viví cuatro años en ella—, me parecía un sitio muy vivo y muy chulo, donde Nico y Unai podían sentirse más libres después de haber pasado tantos años asfixiándose en su pueblo, Mendiko, que es inventado.
Este no es un lugar concreto, pero lo imaginé en el interior de la provincia, entre montañas, orientado hacia el sur de Vizcaya.
¿Qué parte del libro te resultó más complicada de escribir?
Sin hacer spoilers, sobre todo: la fiesta de cumpleaños de la madre de Nico, porque era un momento de mucha tensión y, además, coincidían bastantes personajes, y el final; me parece dificilísimo terminar una historia, darle un buen cierre con el que tanto el escritor como el lector queden satisfechos. Así que lo escribí con cierto miedo.
Esta novela ha sido ganadora del II Premio eLit LGTBI. ¿Cómo te sentiste al ganar el premio?
Me costó creérmelo, todavía me cuesta. Fue una mezcla de satisfacción, porque a personas ajenas a mí, que no me conocían de nada, que nunca me habían leído, les había gustado mi historia, y, a la vez, de incredulidad. No dejaba de pensar: «¿Seguro que han elegido bien?», el síndrome del impostor a tope.
Todavía me emociono pensando en el momento en el que me enteré: había recibido varias llamadas de un número de Madrid que yo no había cogido porque pensaba que era un vendedor telefónico y, poco después, recibí un email de la editorial. Ya con las primeras frases del mensaje empecé a llorar y me costó continuar mientras se lo leía a mi madre. Fue uno de esos momentos que espero no olvidar nunca.
Sobre Cintia Fernández
¿Cómo empezaste a escribir?
Pasé mi adolescencia sumergida en foros de mis series y libros favoritos, y estos me llevaron a las webs de fanfics, y de ahí di el salto a LiveJournal, una web que por entonces estaba super de moda. Allí, con dieciocho años, encontré un juego de rol donde cada persona llevaba un personaje, dejaba un comentario desde el punto de vista de dicho personaje, y otra persona le respondía. Poco a poco, entre todos, íbamos tejiendo escenas que, al final, formaban una historia. Eran juegos donde se escribía mucho mucho y casi a diario, fue la mejor escuela. Después, ya con unos treinta años, me apunté a un curso presencial de escritura.
¿Por qué elegir esta temática?
Cuando decidí escribir mi primera novela, tuve claro que lo haría sobre lo que a mí me gusta leer, con algunos de mis elementos favoritos: historias con tintes románticos, un gran peso de las familias, temas sociales, amigos que se enamoran…
También quería que el o la protagonista fuese bisexual, porque todavía hoy falta muchísima representación y porque quería escribir la clase de historia que me habría gustado leer durante mi adolescencia, cuando estaba perdidísima y todos los libros que encontraba estaban plagados de personajes heterosexuales; me hubiese ayudado a entenderme y aceptarme, y a conocer otras realidades. Ahora, todas mis historias están protagonizadas por personas LGBT. Me reconforta saber que hoy en día hay historias así para cualquier adolescente o adulto que no se vea reflejado en los trillones de romances cisheterosexuales que hemos leído siempre.
¿En qué te inspiras para escribir?
En otras historias, ya sea de libros como de series y pelis. No hay nada que me inspire más que una historia bien contada, sobre todo si es una novela. Luego, por supuesto, también está la vida misma, por tópico que suene: una conversación en el autobús, algo que ves en la calle, una persona con la que te cruzas. Cualquier detalle puede prender la chispa.
¿Alguna anécdota que quieras compartir sobre tu proceso creativo?
No sigo una rutina disparatada ni tengo un proceso creativo muy llamativo. Cuando tengo una pequeña idea, comienzo a escribir en el bloc de notas del móvil o en un cuaderno todo lo que se me va ocurriendo: nombres de personajes, lugares, diálogos… Me voy haciendo preguntas, tirando del hilo, para que de esa idea simple y general vaya desarrollándose todo lo demás; hago el camino a los personajes y los acompaño para que vayan a donde yo quiera (si se dejan).
A mí me ayuda mucho salir a caminar, me da cierta claridad para escribir. Si fuese más valiente, por ejemplo, la escribí prácticamente en el móvil, dando largos paseos por la costa. Era empezar a andar y surgirme las palabras.
¿Qué palabra quitarías del diccionario? ¿Cuál dejarías sí o sí?
Quitaría sobaco, es una de esas palabras a las que tengo manía, que solo con escucharla me chirrían los dientes. Y dejaría ensimismamiento, me parece muy contundente con un significado suave, y mar, no solo por lo que representa, sino porque de por sí es bonita.
¿Tienes algún proyecto nuevo en mente?
¡Eso siempre! Tras terminar mi segunda novela, que se publicará en diciembre de nuevo con HarperCollins Ibérica, estoy en pleno proceso de organizar la tercera antes de sentarme a escribir. Y aunque no quiero hablar demasiado sobre ella, porque todavía queda bastante tiempo para que exista la posibilidad de que vea la luz, puedo decir que tiene que ver con Si fuese más valiente, cosa que me hace mucha mucha mucha ilusión.
¿Algo que quieras añadir a nuestros lectores?
¡Muchísimas gracias por haber llegado hasta aquí! Espero que, si os animáis a leer. Si fuese más valiente, disfrutéis del viaje al País Vasco y de los días en compañía de Nico, Unai, June, Lucía y compañía. Ellos estarán encantados de acogeros en su cuadrilla.
Muchas gracias por la entrevista y espero tus próximos proyectos con ganas.
Mokona









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