Entrevista a Elodie Vice
- Mokona

- hace 2 horas
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Sobre La Maldición de Silvershade Summit:

¿Cómo nació la idea de La Maldición Silvershade Summit?
La serie Los lobos de Silvershade Summit nació de un mal momento, una charla con un buen amigo y las bromas que surgieron para aliviar la tensión.
Por aquel entonces escribía para una editora que me impedía desarrollar mi propia voz. La falta de libertad creativa fue apagándome poco a poco hasta bloquearme.
Lloraba y me daban crisis de ansiedad solo con recibir un mensaje suyo. Justo esta historia fue la última que me rechazó y decidí publicarla por mi cuenta.
Un día, en medio de esa presión, empecé a bromear con mi amigo sobre irme a Alaska y perderme en una cabaña en el bosque para escribir tranquila. Él, como buen compañero de batallas, se apuntó al viaje imaginario sin dudarlo. En algún momento de la conversación comencé a fantasear con la cabaña, el paisaje y un leñador musculoso que cortara leña para que no pasara frío. No me pueden culpar por eso: es una forma excelente de distraer la mente.
La conversación se alargó, nos reímos tanto que la imagen no se me fue de la cabeza en los días siguientes. Decidí dejar a aquella editora y centrarme en crear esta serie. Le tengo un cariño especial porque con ella nació el seudónimo de Elodie Vice y desde entonces no ha hecho más que darme alegrías.
¿Qué fue lo primero que imaginaste de este mundo? ¿El lugar, la maldición o los personajes?
Sin duda, los personajes de Emma y Ethan junto con el lugar. Por los motivos que conté antes, ambos llegaron al mismo tiempo y con ellos comenzó todo. El resto empezó a tomar forma cuando decidí convertir esa idea en novela.
Tuve que organizarme muchísimo porque, antes de escribir el primer libro, ya tenía en mente los siguientes. Aunque casi ninguna historia permanece idéntica a su concepto original, necesito tener clara la mayor parte de la trama antes de comenzar a escribir.
La historia de los mellizos es un poco dura al principio y va evolucionando a lo largo de la saga. ¿Tenías claro cómo iban a ser desde el principio o fueron ellos quienes fueron forjando sus personalidades?
Antes de escribir no solo necesito tener claro el mundo que rodeará la historia y su trama, también necesito definir las personalidades de los personajes. Me gusta que cada libro de la serie se distinga del anterior.
Con Ethan fue más sencillo. En honor a la charla que originó la serie, decidí darle el nombre de mi amigo y gran parte de su personalidad. Sobre todo, ese gusto suyo por la pechonalidad femenina.
Con Emma fue diferente. Tuve que construirla a partir de la infancia que había tenido y del aislamiento en que había crecido.
Emma era un personaje destinado a crecer a lo largo de los libros. Tenía que florecer de oruga a mariposa y eso estuvo planeado desde el primer momento.
El protagonista del primer libro lo tiene difícil, pues ha tenido que sobrevivir al aislamiento y a todo lo que le han hecho creer desde pequeño sobre la maldición y las brujas. ¿Te costó plasmar todos esos conflictos internos o ya lo tenías pensado desde el principio?
Creo que a todos los escritores hay cosas que nos resultan más difíciles que otras. En mi caso, lo que más me cuesta son los diálogos. Los reescribo varias veces porque quiero que suenen reales y naturales.
En cambio, narrar emociones y conflictos internos es lo que menos esfuerzo me supone. Podría escribir sin parar si solo tuviera que narrar y no agregar diálogos.
Con Asher, al igual que con Emma, planeé su evolución antes de escribir la primera página. Aun así, es muy común que en algún punto de la historia todo se enrede y haya que reconstruir la trama desde cero. Eso de que los personajes tomen el control de la historia es algo que le ocurre a casi cualquier escritor.
¿Hay algún personaje que te sorprendiera mientras escribías, es decir, que pensaras que iba a ser de una forma y luego cambió?
Endora.
Esa brujita se coló en la serie sin estar del todo planeada. Tenía en mente su historia, pero era algo que se suponía quedaría solo para mí. Un trasfondo que no escribiría nunca y que daría sentido a los acontecimientos.
Desde el principio supe que estaba creada para morir. Era lo lógico.
Ella ya había vivido su vida, por más triste que fuera. Pero cuando llegó el momento de dejarla ir, no pude.
Ese personaje es el responsable de que la serie tuviera un libro más de los que había planeado.
Endora es genial. Me encanta, sobre todo la forma en que va apareciendo en los distintos libros y, en el último, que cuenta su historia. ¿Qué te resultó más difícil a la hora de escribir sobre ella?
En eso estamos de acuerdo.
Endora me robó el corazón desde el primer libro. Cada vez que aparecía no podía evitar reírme de sus ocurrencias. Escribir su muerte me costó mucho porque me había encariñado con ella. Lloré mientras la escribía.
La otra parte que más me complicó fue el renacimiento. La novela final de la serie está narrada en dos tiempos y dos vidas distintas. Lo más difícil fue unir a la Endora del pasado con la mujer en que se había convertido. Ambas crecieron de formas diferentes, con valores y familias distintas. Por más que fueran la misma persona, ajustar su personalidad en la línea temporal del futuro fue el mayor desafío del libro.
Los distintos libros te llevan a diversas parejas. ¿Cuál ha sido tu favorita?
Asher y Emma, seguidos de Alaric y Libby. Son mis favoritos de esta serie. Disfruté una barbaridad escribiendo sus historias.
¿Qué te resultó más divertido de escribir? ¿Y qué te costó más?
Hubo muchos momentos en que me reí mucho escribiendo. Uno de ellos es cuando Emma llegó a Silvershade Summit y se topa por sorpresa con todo un grupo de hombres desnudos. Ese instante en que no sabe si escapar o montarse un harén me hizo reír muchísimo.
Las discusiones entre Ethan y Alaric también fueron lo mejor. Me gustaban tanto que podría haber escrito un libro entero solo con ellos peleando. Ese amor-odio que se tienen fue muy divertido de trasladar al papel.
Esta historia habla también de identidad, culpa, poder y pertenencia. ¿Qué querías que sintieran los lectores al leerla?
Me gusta escribir historias que hagan reír a los lectores, que disfruten, pero también con las que puedan sentirse identificados.
Como ejemplo el personaje de Tala sufrió mucho acoso y maltrato. Creció a lo largo de la trama hasta creer en sí misma, hacerse fuerte y comenzar a superar sus traumas. No ocurrió de golpe ni por arte de magia: fue un proceso progresivo, impulsado por su propia fuerza de voluntad.
Cuando publico un nuevo libro me gusta pensar que, si leerlo le cambia el día a una sola persona o le deja una enseñanza, ya mereció la pena escribirlo.
Una de las partes más bonitas de este trabajo son las lectoras. Cuando me escriben para contarme que se rieron tanto que su familia las miraba raro, me alegran el día. Así que, si alguna vez terminan un libro y les da reparo escribirle al autor, que no lo piensen: háganlo.
Sus comentarios y mensajes nos dan el ánimo para seguir creando.
Para crear Silvershade Summit, ¿te imaginaste alguna zona del planeta en concreto o algún sitio que has visitado?
Desde el principio siempre fue Alaska.
Nunca la he visitado, aunque la tengo en mi interminable lista de viajes pendientes. Suelo buscar información sobre los lugares reales para poder imaginar mejor las escenas cuando existe esa base. Aun así, casi siempre prefiero crear el mundo de la novela desde cero.
Si pudieras tomar un café con alguno de tus protagonistas, ¿cuál sería?
Si es de esta serie, con Endora, sin duda.
Esa mujer tendría tanto que contar que haría falta más de un café.
Aunque no me importaría tomarlo con Emma y discutir arduamente sobre las técnicas de cortar leña de un buen leñador musculoso. Existen las prioridades y una no es de piedra.
Sobre Eleoide Vice:

¿Cuándo empezaste a escribir?
De niña me encantaba escribir. Inventaba historias y creaba poesías.
En una ocasión, en la escuela, nos pidieron crear un soneto. Recuerdo que pasé toda la tarde trabajando en él y, al parecer, quedó bastante bien porque al día siguiente se convirtió en un mal rato. Cuando lo leí en voz alta, una compañera decidió que era buena idea comentar que lo había leído en algún lugar y que era un plagio. No era cierto, pero en aquel momento no estábamos en la era de internet y no era tan fácil hacer una comprobación rápida.
Lo negué. Adivinad lo que pasó después… No sirvió de nada.
El profesor decidió que el poema era demasiado bueno para haberlo escrito una niña.
No quise quedarme con esa acusación injusta, así que le pedí que me diera un tema y le escribiría un nuevo soneto frente a él, en ese mismo momento. Lo hice durante la clase y entregué el poema.
Su respuesta fue el silencio y mirarme mal.
Nunca se disculpó, ni admitió el error. Me dejó cargar con la acusación de haber copiado algo que era mío en su totalidad.
Desde ese día dejé de escribir poesía y, durante años, abandoné cualquier tipo de escritura. Eso cambió en 2015 cuando decidí escribir mi primera novela.
Siempre me encantó leer, y llegó un momento en que las ganas de poner por escrito las tramas que se creaban en mi cabeza ganaron al mal recuerdo de aquella clase. Desde entonces no he parado.
¿Qué libros o autores influyeron en tu forma de escribir?
No podría señalar un libro o un autor en concreto. Ha sido la mezcla de todo lo que he leído y de todos los autores que he admirado. Y no en el sentido de querer parecerme a su forma de escribir, sino en el construir algo propio con su ejemplo.
Por lo que conté antes, supongo que se entiende que siempre quise desarrollar un estilo reconocible que pudiera identificarse como mío, sin importar el género que escriba.
¿Tienes alguna manía o hábito a la hora de escribir?
Sí. No puedo cambiar de lugar con facilidad. Aunque el ordenador sea portátil y pueda ponerlo en cualquier parte de la casa, me es imposible concentrarme si lo muevo.
Por raro que parezca, tiene su historia. Cuando empecé a escribir, mi hijo era pequeño y muy revoltoso. Me acostumbré a su ruido constante alrededor. Instalé mi rincón de escritura improvisado en la mesa del salón para poder escribir y vigilar a la vez cualquier desastre que pudiera cometer.
Él cantando, jugando, hablando de mil cosas a la vez se convirtió en parte de la rutina. Ahora que ha crecido y es más silencioso, me cuesta más concentrarme. Es un hábito rarísimo, lo sé.
Lo otro que nunca falla es servirme una taza de café y olvidarla al lado hasta que se enfría. También es parte imprescindible del proceso.
¿Qué estás escribiendo ahora o qué te gustaría explorar en tu próxima historia?
Ahora mismo estoy con Los dragones de Vyrdane. Estoy escribiendo el cuarto libro.
Disfruto mucho esta serie porque es un mundo extraterrestre creado desde cero y cada una de las parejas protagonistas es un desastre hermoso. Me muero de risa con ellos.
¿Qué palabras quitarías sí o sí del diccionario y cuál dejarías?
Tengo unas cuantas a las que les guardo rencor.
La primera que quitaría sería procrastinar. Apenas la leo y ya me siento juzgada.
También quitaría normal. Se usa para etiquetar todo lo que sale un poco del molde establecido y, la verdad, las mejores personas que he conocido no caben en esa categoría.
Dejaría como obligatorias cotilleo y chisme. Ambas son una maravilla: te cambian el estado de ánimo sin importar cómo hayas empezado el día. Si una amiga te llama y te dice "vamos a por un café, tengo un chisme que contarte", se te reinicia la vida solo con eso.
Y también dejaría como obligatoria: imaginación. ¿De qué otra forma existirían las historias?
¿Qué consejo le darías a quien sueña con escribir su primera novela?
Que no permita que nadie le apague las ganas.
Que escriba lo que le dicta el corazón y no lo que esté de moda. Que no se obsesione con la perfección porque, si lo hace, pasarán los años y siempre estará atrapado en la creación sin terminar nada.
No tiene que quedar perfecto. Las novelas se releen, se editan, se reconstruyen. Lo único que hay que hacer es empezar. El resultado puede sorprenderte.
¿Hay algo que te gustaría decirles a las lectoras y lectores de Travesía de las Palabras?
Mil gracias por pasaros por aquí y darle una oportunidad tanto a la entrevista como a mis historias.
Espero que mis libros os hagan reír, sufrir lo justo y enamoraros de mis personajes que, dicho sea de paso, suelen tener más traumas que estabilidad mental.
Y sobre todo, gracias por leer. No solo a mí. Gracias por darle una oportunidad a los libros cuando hay tantas cosas compitiendo por vuestra atención. Eso tiene más valor de lo que parece.
Muchísimas gracias por esta fantástica entrevista.
Mokona





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