Receta: Menú del Club de la Buena Estrella y Matilda
- Ignacio Builes

- hace 4 horas
- 15 Min. de lectura
"Sabores de Tinta: De la Tradición China a la Dulce Victoria"
Un viaje culinario por las páginas de Amy Tan y Roald Dahl
ENTRANTE
Sopa de la Fortuna y la Memoria
(Sopa de judías rojas inspirada en El Club de la Buena Estrella, de Amy Tan)
"No es solo sopa, es el calor de una historia que se niega a enfriarse."

Este entrante es un abrazo cálido para el alma. Tal como la madre de Suyuan la prepara para las reuniones del Club, esta sopa dulce y terrosa de judías rojas representa la buena fortuna y la conexión inquebrantable con los ancestros. Su textura suave y su color profundo nos invitan a entrar en el círculo de las tías, donde entre el sonido de las fichas de mahjong se comparten esperanzas y secretos antiguos. Un inicio reconfortante que susurra: "ya estás en casa".

Curiosidad literaria: Amy Tan escribió "El Club de la Buena Estrella" como una forma de honrar a su madre, Daisy, quien había perdido a sus tres hijas de un matrimonio anterior en China. Tan tardó años en comprender la complejidad de la experiencia inmigrante de su madre. La novela, inicialmente concebida como un libro de cuentos, se convirtió en un fenómeno literario que pasó más de 40 semanas en la lista de bestsellers del New York Times y se tradujo a 35 idiomas.
Curiosidad gastronómica: Las judías azuki rojas son consideradas en la cultura china como un alimento de longevidad y prosperidad. En la medicina tradicional china se les atribuyen propiedades para fortalecer los riñones y mejorar la circulación sanguínea. Esta sopa dulce, conocida como "hong dou tang", se consume tradicionalmente durante festividades y celebraciones familiares, simbolizando la dulzura de las relaciones y la unión familiar. En el Año Nuevo Lunar, se cree que cada cucharada trae suerte para los próximos doce meses.
INGREDIENTES (Para 2 personas):

100 g de judías azuki (judías rojas pequeñas)
600 ml de agua
30-40 g de azúcar roca (o azúcar moreno al gusto)
Una pizca de sal marina
1 trozo pequeño de cáscara de mandarina seca (opcional, para aroma)
Hoja o ramita de perejil para decorar
PREPARACIÓN:
El ritual del remojo: Deja las judías azuki en remojo en agua fría durante al menos 4 horas, idealmente toda la noche. Este proceso las ablanda y reduce el tiempo de cocción. Como las historias que necesitan tiempo para madurar, las judías requieren paciencia. Escúrrelas bien antes de cocinar.
La cocción contemplativa: Pon las judías y los 600 ml de agua en una olla pequeña de fondo grueso. Lleva a ebullición a fuego medio-alto. Observa cómo las pequeñas judías danzan en el agua hirviente, como las memorias que emergen del pasado.
El fuego lento de la memoria: Una vez que hierva, baja el fuego al mínimo, tapa la olla y cocina durante aproximadamente 1 hora. Las judías deben estar muy tiernas y empezar a "florecer" (deshacerse ligeramente). Si el agua se evapora demasiado, añade un poco más de agua caliente. Remueve ocasionalmente con delicadeza, como quien acaricia recuerdos frágiles.
La textura del consuelo: Si prefieres una sopa más espesa y cremosa, aplasta algunas judías contra el borde de la olla con el dorso de una cuchara de madera. Esto liberará su almidón natural y creará una textura más untuosa, similar a un abrazo maternal.
El dulce equilibrio: Añade el azúcar roca (que se disolverá más lentamente, creando pequeños momentos de dulzura intensa) y la cáscara de mandarina seca si la usas. El cítrico añade una nota aromática sutil que eleva el plato sin dominarlo. Cocina 10 minutos más, removiendo ocasionalmente, hasta que el azúcar se disuelva completamente y los sabores se fundan en armonía.
El momento de compartir: Sirve caliente en cuencos pequeños de cerámica, preferiblemente los que heredaste de tu abuela o aquellos que tienen una historia. Decora con una ramita de perejil. La sopa debe tomarse despacio, saboreando cada cucharada como si fuera una historia que alguien te está contando por primera vez.

PRIMER PLATO
Dumplings de la Prosperidad
(Dumplings rellenos al vapor inspirados en El Club de la Buena Estrella, de Amy Tan)
"Pequeños lingotes de plata que esconden tesoros en su interior."
Inspirados en los jiaozi que las familias amasan juntas en la víspera del Año Nuevo, estos dumplings son mucho más que masa y relleno; son deseos encapsulados. En las páginas de Tan, se describen como lingotes de plata que traen riqueza. Al morder su delicada envoltura, se libera una explosión de sabor salado y jugoso que evoca el bullicio de las cocinas de Chinatown y la complejidad de las relaciones madre-hija: una capa exterior resistente que protege un interior tierno y lleno de matices.

Curiosidad literaria: Los dumplings en "El Club de la Buena Estrella" funcionan como metáforas de las propias protagonistas: envolturas exteriores que las generaciones americanizadas ven, pero rellenos interiores ricos y complejos que solo se revelan al profundizar. Amy Tan aprendió a hacer dumplings con su madre durante las investigaciones para el libro, un proceso que les ayudó a reconciliar sus diferencias culturales y generacionales. Cada pliegue en un dumpling representa, según la tradición, un año más de vida para quien lo come.

Curiosidad gastronómica: Los dumplings tienen más de 1.800 años de antigüedad. Según la leyenda, fueron inventados por el médico Zhang Zhongjing durante la dinastía Han para curar los sabañones de los pobres en invierno: envolvió cordero, chile y hierbas medicinales en masa y las coció. La forma de media luna representa antiguos lingotes de plata chinos (yuanbao), por eso comerlos trae prosperidad. En el norte de China, es tradición esconder una moneda limpia dentro de uno de los dumplings del Año Nuevo: quien lo encuentre tendrá suerte todo el año.
INGREDIENTES (Para 2 personas / aprox. 10-12 unidades):
12 obleas para dumplings/gyozas (masa wonton redonda, disponible en tiendas asiáticas)
120 g de carne picada de cerdo (preferiblemente con un poco de grasa para jugosidad)
50 g de col china (o repollo), picada muy fina
1 cebolleta (cebollín) picada finamente
1 cucharadita de jengibre fresco rallado
1 diente de ajo picado muy fino
1 cucharada de salsa de soja
1 cucharadita de aceite de sésamo tostado
Pimienta blanca al gusto
Aceite vegetal para cocinar
Para la salsa de acompañamiento:
Salsa de soja y vinagre de arroz a partes iguales
Opcional: unas gotas de aceite de chile y cilantro picado
PREPARACIÓN:
La preparación del relleno sagrado: En un bol amplio, combina la carne picada, la col china finamente picada (exprime el exceso de agua con las manos), la cebolleta, el jengibre, el ajo y todos los condimentos. Con un tenedor o con las manos limpias, mezcla enérgicamente en una sola dirección (siempre en el sentido de las agujas del reloj o siempre en contra) durante 2-3 minutos. Este movimiento unidireccional ayuda a que las proteínas de la carne se unan y creen una textura pegajosa y jugosa. El relleno debe verse cohesionado, casi brillante.
El arte del plegado: Coloca una oblea de dumpling en la palma de tu mano no dominante. Con la otra mano, coloca una cucharadita generosa de relleno en el centro (no te excedas o será imposible cerrarlos). Con un dedo mojado en agua, humedece todo el borde de la oblea formando un círculo completo.
El sellado perfecto: Dobla la masa por la mitad formando una media luna. Aquí viene la parte crucial: con el pulgar e índice de ambas manos, presiona primero el centro firmemente para sellarlo. Luego, comenzando desde un extremo, haz pequeños pliegues (3-4 por lado) empujando la masa superior hacia el centro mientras mantienes la parte inferior lisa. Esto crea los característicos pliegues que no solo son decorativos: ayudan a que el dumpling se sostenga de pie.
La cocción dual (estilo Potsticker): Este método te dará dumplings con base crujiente y parte superior suave, lo mejor de dos mundos. Calienta 1-2 cucharadas de aceite en una sartén antiadherente grande a fuego medio-alto. Coloca los dumplings en círculo, asegurándote de que sus bases planas toquen la sartén. No los amontones.
El método del vapor: Fríe sin mover durante 2-3 minutos hasta que las bases estén doradas y crujientes (puedes levantar uno con cuidado para verificar). Aquí viene el momento dramático: añade muy cuidadosamente 50-60 ml de agua a la sartén (se producirá mucho vapor y chisporroteo, así que retrocede ligeramente). Tapa inmediatamente con una tapa que ajuste bien.
La transformación final: Deja cocinar al vapor durante 5-6 minutos. El agua se evaporará gradualmente y el vapor cocinará la masa superior y el relleno. Cuando el agua se haya evaporado casi por completo, retira la tapa. Deja que la base se vuelva a tostar durante 1 minuto más para recuperar su crujiente.
La presentación ceremonial: Con una espátula delgada, despega con cuidado los dumplings de la sartén. Sírvelos inmediatamente con la base crujiente hacia arriba para mostrar tu trabajo, acompañados de la salsa en pequeños cuencos individuales. La tradición dice que debes comer al menos uno más que tu edad para asegurar un año próspero.

SEGUNDO PLATO
Cerdo Agridulce de los Dos Mundos
(Cerdo agridulce clásico inspirado en El Club de la Buena Estrella, de Amy Tan)
"El equilibrio perfecto entre la dulzura de la esperanza y la acidez del sacrificio."
Un homenaje a los platos caseros que llenan las mesas de las protagonistas de Amy Tan. Este plato captura la esencia de la experiencia inmigrante: una mezcla vibrante de contrastes. La salsa brillante, que combina el vinagre punzante con el azúcar reconfortante, baña trozos crujientes de carne, recordándonos que la vida —como las mejores historias— no es de un solo sabor. Es un plato que celebra la identidad híbrida, a caballo entre la tradición china y la vida en América.
Curiosidad literaria: El cerdo agridulce aparece en la novela como uno de esos platos que las madres chinas preparan para impresionar a las familias americanas de sus hijas, pero que internamente consideran una versión simplificada y occidentalizada de la verdadera cocina china. Amy Tan exploró en su obra esta tensión entre la autenticidad cultural y la adaptación necesaria para sobrevivir en un nuevo mundo. El plato mismo se convierte en símbolo del compromiso entre dos identidades que, aunque diferentes, pueden coexistir armoniosamente en el mismo cuenco.
Curiosidad gastronómica: Aunque muchos creen que el cerdo agridulce es un invento chino-americano, sus orígenes se remontan a la provincia de Guangdong en China, específicamente a la región de Shunde, hace más de 300 años. La versión original, llamada "gu lou yok", usaba vinagre de arroz negro y no incluía piña ni ketchup. Fue en los restaurantes chinos de San Francisco durante la Fiebre del Oro (1849) donde el plato evolucionó para adaptarse a los paladares occidentales, añadiéndose el ketchup (un ingrediente americano pero originalmente chino: la palabra "ketchup" viene del chino "kê-tsiap", una salsa de pescado fermentado). La piña se incorporó en Hawái en los años 1960.
INGREDIENTES (Para 2 personas):
250 g de lomo o magro de cerdo cortado en cubos de 2-3 cm
½ pimiento rojo brillante
½ pimiento verde
½ cebolla mediana cortada en trozos grandes
2 rodajas gruesas de piña (natural o en su jugo) troceadas
1 huevo grande batido
Maicena suficiente para rebozar (aprox. 100 g)
Aceite vegetal abundante para freír
Semillas de sésamo tostadas para decorar
Arroz blanco al vapor para acompañar
Para la salsa agridulce:
3 cucharadas de ketchup de calidad
2 cucharadas de vinagre de arroz (o vinagre de manzana)
1 cucharada de salsa de soja
1 cucharada de azúcar
2 cucharadas de agua o jugo de piña
1 cucharadita de maicena disuelta en 1 cucharada de agua
PREPARACIÓN:
La preparación de la salsa del equilibrio: En un cuenco pequeño, mezcla todos los ingredientes de la salsa excepto la maicena disuelta. Remueve bien hasta que el azúcar se disuelva completamente. Esta salsa debe encontrar el equilibrio perfecto entre lo dulce y lo ácido, como dos culturas que aprenden a convivir. Prueba y ajusta según tu preferencia: más vinagre si te gusta ácido, más azúcar si prefieres dulce. Reserva.
El rebozado crujiente: Seca muy bien los cubos de cerdo con papel de cocina (la humedad es enemiga del crujiente). Coloca el huevo batido en un bol y la maicena en otro bol amplio. Pasa cada cubo primero por el huevo, dejando que escurra el exceso, y luego cúbrelo generosamente con maicena, presionando ligeramente para que se adhiera bien. La maicena creará una armadura crujiente que protegerá la jugosidad interior.
La fritura dorada: En un wok o sartén honda, calienta abundante aceite vegetal a fuego medio-alto hasta que alcance aproximadamente 180°C (una forma de probarlo es introducir un palillo de madera: debe burbujear activamente pero sin violencia). Con cuidado, introduce los cubos de cerdo en pequeñas tandas, sin amontonarlos. Fríe durante 4-5 minutos por tanda, volteándolos ocasionalmente, hasta que estén dorados y muy crujientes. El interior debe estar completamente cocido. Retira con una espumadera y coloca sobre papel absorbente. Reserva en un lugar cálido.
El salteado vibrante: En una sartén limpia o wok con apenas 1 cucharada de aceite, calienta a fuego muy fuerte. Cuando esté humeante, añade los pimientos y la cebolla. Este es el momento del "wok hei" (el aliento del wok): saltea moviendo constantemente la sartén durante exactamente 2 minutos. Las verduras deben ablandarse ligeramente en el exterior pero mantener su crujiente interior y colores vibrantes. Añade los trozos de piña y saltea 30 segundos más.
La unión de dos mundos: Baja el fuego a medio. Vierte la salsa preparada en la sartén con las verduras. Cuando comience a burbujear (después de 30 segundos aproximadamente), añade la maicena disuelta en agua, removiendo constantemente. La salsa se transformará ante tus ojos, espesándose hasta alcanzar una consistencia brillante y adherente, como un barniz.
El momento cumbre: Cuando la salsa esté espesa y burbujeante, añade el cerdo frito. Con movimientos rápidos y decididos del wok (o removiendo con una cuchara de madera), impregna cada trozo de cerdo con la salsa. Este paso debe tomar solo 20-30 segundos: si lo dejas más tiempo, el rebozado perderá su crujiente.
La presentación triunfal: Sirve inmediatamente en un plato precalentado, espolvoreando generosamente con semillas de sésamo tostadas. Acompaña con arroz blanco al vapor que absorberá la deliciosa salsa. Como dice el refrán chino que las madres repiten: "La mejor comida es la que se comparte sin demora."

POSTRE
La Gloria de Bruce Bogtrotter
(Pastel de chocolate gigante inspirado en Matilda, de Roald Dahl)

"¡Puedes hacerlo, Bruce! Un final oscuro, denso y absolutamente victorioso."
Para cerrar, el símbolo definitivo de la rebelión infantil y el placer sin culpa. No es un simple pastel; es EL pastel. Una torre monumental de bizcocho húmedo y capas generosas de fudge de chocolate oscuro, idéntica a la que la Srta. Trunchbull obligó a comer al pequeño héroe. Cada bocado es denso, rico y pecaminoso, evocando la satisfacción de vencer a la tiranía a través del disfrute puro. Un postre que te invita a relamerte los dedos y sentirte, por un momento, invencible.

Curiosidad literaria: Roald Dahl escribió la escena del pastel de chocolate basándose en sus propias experiencias escolares en Inglaterra, donde los castigos corporales y psicológicos eran comunes. La escena se ha convertido en una de las más memorables de la literatura infantil, simbolizando la victoria del espíritu humano sobre la opresión. Dahl reveló en entrevistas que el personaje de la Srta. Trunchbull estaba inspirado en varios maestros tiránicos que conoció en su infancia. Curiosamente, en el rodaje de la película de 1996, se utilizaron cinco tartas diferentes: una comestible para el actor, una de plástico para tomas lejanas, y tres de respaldo.
Curiosidad gastronómica: Los pasteles de chocolate densos como este tienen su origen en la Sacher Torte austriaca (1832) y los "chocolate mud cakes" victorianos. La textura húmeda y densa se consigue mediante el uso de ingredientes grasos (mantequilla, aceite) y líquidos (leche, café) que mantienen el bizcocho tierno incluso días después de hornearlo. El cacao en polvo puro (no el azucarado) se popularizó en repostería después de que Van Houten inventara el proceso de alcalinización en 1828, creando un polvo más suave y fácil de mezclar. Un pastel bien hecho puede durar hasta una semana en la nevera, mejorando su sabor con el tiempo.
INGREDIENTES (Para un molde pequeño de 15 cm o 2 moldes individuales):
Para el bizcocho:
60 g de harina de repostería tamizada
20 g de cacao en polvo puro sin azúcar
80 g de azúcar blanco
40 g de mantequilla sin sal derretida
1 huevo grande a temperatura ambiente
60 ml de leche entera
Unas gotas de zumo de limón (para crear buttermilk casero)
½ cucharadita de levadura química (polvo de hornear)
Una pizca de sal
½ cucharadita de extracto de vainilla
Para la cobertura (Ganache de chocolate):
100 g de chocolate negro para postres (70% cacao mínimo)
80 ml de nata líquida para montar (crema de leche con 35% grasa mínimo)
10 g de mantequilla sin sal (opcional, para más brillo)
PREPARACIÓN:
El Bizcocho de la Victoria:
La preparación del campo de batalla: Precalienta el horno a 180°C con calor arriba y abajo. Engrasa generosamente un molde pequeño de 15 cm (o dos moldes individuales de 10 cm) con mantequilla, asegurándote de cubrir bien las esquinas. Espolvorea con un poco de cacao en polvo y golpea suavemente para eliminar el exceso. Este paso es crucial: evitará que tu pastel se pegue en el momento crítico del desmoldado.
La alquimia de los ingredientes secos: En un bol mediano, tamiza juntos la harina, el cacao en polvo, la levadura y la pizca de sal. Tamizar no es opcional: elimina grumos y airea los ingredientes, resultando en un bizcocho más esponjoso. Añade el azúcar y mezcla bien con unas varillas manuales. Reserva.
La mezcla húmeda perfecta: En un bol pequeño, combina la leche con unas gotas de zumo de limón y déjala reposar 5 minutos: se cortará ligeramente creando un "buttermilk" casero que añadirá acidez y ternura al bizcocho. En otro bol grande, bate el huevo con la vainilla hasta que esté espumoso. Añade la mantequilla derretida (pero no caliente) y la leche "cortada". Mezcla bien.
La unión delicada: Vierte los ingredientes secos sobre los húmedos. Con una espátula de silicona o una cuchara de madera, mezcla con movimientos envolventes desde abajo hacia arriba, en forma de "J". No batas, no uses batidora eléctrica: solo queremos integrar, no desarrollar gluten. Mezcla solo hasta que no veas harina seca. Algunas pequeñas burbujas o grumos mínimos son aceptables; de hecho, son deseables. El sobremezclado resultará en un bizcocho gomoso.
El horneado crucial: Vierte la mezcla en el molde preparado. Golpea suavemente el molde contra la encimera 2-3 veces para liberar burbujas de aire grandes. Hornea durante 20-25 minutos (18-20 minutos si usas moldes individuales). El bizcocho está listo cuando: (a) al insertar un palillo en el centro, sale con apenas unas migas húmedas pegadas (NO debe salir completamente limpio o estará seco), (b) la superficie se ve firme pero ligeramente agrietada, (c) los bordes comienzan a separarse del molde.
El reposo estratégico: Retira del horno y deja enfriar en el molde durante 10 minutos exactos. Este tiempo permite que la estructura se asiente. Después, desmolda con cuidado sobre una rejilla (puedes ayudarte con un cuchillo fino pasado por los bordes) y deja enfriar completamente antes de cubrir. Un bizcocho caliente derretirá la ganache.
La Ganache del Triunfo:
La preparación del chocolate: Pica el chocolate en trozos pequeños y uniformes (esto ayudará a que se derrita de manera pareja). Colócalos en un bol resistente al calor. Si usas mantequilla extra, añade los cubitos ahora junto al chocolate.
El calentamiento preciso de la nata: En un cazo pequeño, calienta la nata a fuego medio hasta que comience a hervir suavemente en los bordes (pequeñas burbujas deben aparecer alrededor). No dejes que hierva violentamente o perderá grasa. Retira inmediatamente del fuego.
La emulsión mágica: Vierte la nata caliente directamente sobre el chocolate picado. Deja reposar sin tocar durante exactamente 1 minuto. Este tiempo permite que el calor penetre y comience a derretir el chocolate desde dentro. Después, con una espátula o cuchara, comienza a remover desde el centro en círculos pequeños, expandiéndote gradualmente hacia afuera. Al principio parecerá que no funciona, pero de repente la mezcla se emulsionará en una crema sedosa, brillante y completamente homogénea. Este momento se llama "la emulsión" y es pura magia química.
El enfriamiento controlado: Deja que la ganache se enfríe a temperatura ambiente durante 15-20 minutos. Debe espesar hasta alcanzar la consistencia de una crema untable pero aún vertible. Si la usas demasiado líquida, se escurrirá del pastel; si está demasiado fría, será difícil de extender.
El Montaje Épico:
La decisión valiente: Si te sientes aventurero como Bruce, corta el bizcocho horizontalmente por la mitad usando un cuchillo de sierra largo y movimientos suaves. Separa las dos mitades. Unta la capa inferior con aproximadamente un tercio de la ganache. Coloca la capa superior encima presionando suavemente. Si prefieres lo seguro, simplemente trabaja con el bizcocho entero.
La cobertura generosa: Con una espátula offset o un cuchillo de mantequilla, comienza a cubrir toda la superficie del pastel con la ganache restante. Usa movimientos largos y decididos. No te preocupes por la perfección: las ondas, picos y texturas irregulares son parte del encanto "casero" que lo hace auténtico. Cubre también los laterales generosamente.
El toque final rebelde: Si quieres ser fiel a la película, crea algunas ondas dramáticas con el dorso de una cuchara. Opcionalmente, decora con virutas de chocolate o escribe "¡Victoria!" con ganache extra en una manga pastelera improvisada (usa una bolsa con cierre con una esquina cortada).
El reto de Bruce: Refrigera el pastel durante 30 minutos para que la ganache se asiente. Retira de la nevera 15 minutos antes de servir para que alcance temperatura ambiente (el chocolate sabe mejor así). Sirve porciones generosas e innegociablemente grandes. La tradición Dahl dicta que quien lo come debe terminarlo todo, pero en esta versión, puedes compartir tu victoria con los que amas.
Consejo del director: Acompaña con un vaso grande de leche fría, exactamente como Bruce en el libro. El contraste entre el chocolate rico y denso y la leche cremosa y refrescante es absolutamente perfecto.
MARIDAJE LITERARIO
Para acompañar este viaje culinario por las páginas de Amy Tan y Roald Dahl, sugerimos:
Con la Sopa de Judías Rojas: Té oolong tibio o un vino dulce de Moscatel que complemente las notas terrosas y azucaradas.
Con los Dumplings: Cerveza china Tsingtao bien fría o té verde jazmín que limpie el paladar entre bocados.
Con el Cerdo Agridulce: Riesling alemán off-dry o sake suave que equilibre la intensidad agridulce de la salsa.
Con el Pastel de Chocolate: Leche entera muy fría (la opción Bruce), café expreso doble, o un vino de Oporto ruby que intensifique el chocolate.
EPÍLOGO GASTRONÓMICO
Este menú es más que una sucesión de platos: es un viaje por las complejidades de la identidad cultural, la memoria familiar y el triunfo del espíritu humano sobre las adversidades. Desde las cocinas humeantes de Chinatown hasta el comedor escolar donde Bruce desafía a la tiranía, cada receta cuenta una historia de resistencia, amor y transformación.
En las judías rojas encontramos la conexión con nuestros ancestros. En los dumplings plegados a mano, el trabajo colectivo y el amor hecho tangible. En el cerdo agridulce, el equilibrio perfecto entre dos mundos que aprenden a convivir. Y en el pastel de chocolate, la dulce venganza de los oprimidos y el placer sin vergüenza de disfrutar plenamente de la vida.
Que cada bocado sea una página leída, cada aroma una frase memorable y cada sabor un personaje inolvidable. Porque cocinar, como escribir, es un acto de amor, paciencia, rebeldía y generosidad.
Como diría Amy Tan: "Las mejores historias se cocinan a fuego lento y se comparten alrededor de una mesa llena de amor."
Y como añadiría Roald Dahl: "Y al final, los buenos siempre ganan, especialmente si tienen chocolate de su lado."
¡Buen provecho, feliz lectura y que nunca pierdas tu apetito por las buenas historias! 📚✨🍽️
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Ignacio Builes












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