Receta: El cuento de la Criada
- Ignacio Builes

- hace 9 horas
- 3 Min. de lectura
ESTOFADO DE TERNERA DE GILEAD
Una receta extraída de las páginas distópicas de "El cuento de la criada"

LA CITA QUE NOS CONVOCA
"La cena es un estofado de ternera. No puedo terminarlo del todo; algo me distrae…"
En la República de Gilead, donde las mujeres han perdido hasta el derecho a leer, June—ahora rebautizada como Defred—acaba de dar a luz. Le sirven un estofado de ternera como cena tranquilizante, pero ni siquiera la comida puede acallar los pensamientos sobre el bebé que le arrebatarán. Este plato humilde se convierte en símbolo de una maternidad fragmentada, de una mujer alimentada para cumplir una función biológica en un régimen totalitario que controla hasta sus entrañas.
INGREDIENTES PARA DOS COMENSALES
Para el estofado:
400 g de ternera para guisar (morcillo o aguja), en dados
2 patatas medianas
2 zanahorias
1 cebolla grande
2 dientes de ajo
200 ml de caldo de carne
100 ml de vino tinto
2 cucharadas de harina
2 cucharadas de aceite de oliva
1 hoja de laurel
Tomillo fresco
Sal y pimienta negra
ELABORACIÓN

1. Sazona los dados de ternera con sal y pimienta, y enhariínalos ligeramente sacudiendo el exceso.

2. En una cazuela de fondo grueso, calienta el aceite y dora la carne por todos lados. Retira y reserva.

3. En la misma cazuela, pocha la cebolla picada y el ajo hasta que se ablanden. Añade las zanahorias cortadas en rodajas gruesas.

4. Devuelve la carne a la cazuela, vierte el vino tinto y deja que reduzca unos minutos mientras levantas los jugos del fondo.

5. Incorpora el caldo, el laurel y el tomillo. Tapa y cocina a fuego lento durante 1 hora y 15 minutos.

6. Añade las patatas en dados y continúa la cocción otros 30-40 minutos hasta que todo esté tierno y el líquido haya espesado ligeramente.

7. Rectifica de sal y sirve bien caliente en cuencos hondos.
CURIOSIDADES LITERARIAS Y GASTRONÓMICAS
Sobre la novela: "The Handmaid's Tale" (1985) nació de la pregunta que Margaret
Atwood se formuló: ¿qué pasaría si en Estados Unidos se instaurara una teocracia totalitaria? La autora solo incluyó en su distopía elementos que ya habían ocurrido en algún momento de la historia humana, convirtiendo la ficción en espejo inquietante de la realidad.

Sobre Margaret Atwood: La escritora canadiense es descendiente de un nutricionista pionero, lo que explica quizá su atención meticulosa a los detalles alimentarios en sus obras. Atwood estudió en Harvard y ha declarado que escribió gran parte de "El cuento de la criada" en un apartamento de Berlín Oeste, ciudad dividida que le inspiró la atmósfera opresiva de Gilead.
Sobre el beef stew: Este guiso de origen británico llegó a América del Norte con los colonos y se convirtió en comida de confort por excelencia. En contextos hospitalarios y de maternidad del siglo XX, el estofado se consideraba reconstituyente ideal: proteínas, vegetales y caldo caliente para "recuperar fuerzas". Ironía cruel en una novela donde el cuerpo femenino es reducido a función reproductora.
Sobre los ingredientes: La ternera simboliza la ternura robada—una madre separada de su cría, como June de su bebé. Las patatas y zanahorias, tubérculos que crecen ocultos bajo tierra, evocan la resistencia subterránea que germina en Gilead. El vino tinto, prohibido para las criadas en la novela, aquí se evapora en el guiso: placer que se desvanece, como la libertad.
MARIDAJE LITERARIO

Acompaña este estofado con la lectura del capítulo donde June recuerda su vida anterior: comprar helado con su hija, elegir su propia ropa, tener un nombre propio. El contraste entre esos recuerdos luminosos y la opresión presente intensifica el sabor agridulce de cada cucharada.
Para beber: un vino tinto robusto—quizá un Rioja Crianza—que June no puede probar pero nosotros sí. Cada sorbo es un acto de libertad, un recordatorio de todo lo que damos por sentado.
EPÍLOGO GASTRONÓMICO
Terminar este estofado es aceptar lo que June no pudo: que a veces la comida no alimenta, solo llena. Que un plato caliente no reconforta cuando te han arrebatado lo que más amas.
Pero nosotros, desde nuestra mesa libre, podemos honrar su historia saboreando cada bocado consciente de los privilegios que ejercemos sin pensarlo: elegir qué comer, con quién, cuándo y cómo.
Este guiso nos invita a recordar que lo doméstico—la cocina, el útero, el hogar—puede ser espacio de control o de resistencia. Que cada acto cotidiano, incluso partir el pan, puede ser revolucionario cuando se realiza en libertad.
Bajo su ojo, compañera. Y que tu mesa sea siempre tuya.
Ignacio Builes





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